Miedo

It’s a cruel cruel world, to face on your own,

A heavy cross, to carry alone,

The lights are on, but everyone’s gone,

And it’s cruel

Me rompo por todos lados y no logro contener todos los monstruos que me habitan.

Frecuentemente convulsionan dentro, pero permanecen anestesiados con la droga de mi coherencia. Pasa que a veces, olvido subir las barreras de seguridad de mi lógica; tejer el cerco electrificado de mi razón; decirles palabras mansas que los aquieten o algo que los mantenga exiliados en ese abismo profundo donde a nadie pueden hacer daño.

Entonces, cuando se han despertado, ya es tarde para mí, para callarlos o detenerlos. No son uno, ni dos, no tengo un número claro… solo sé que son muchos y que tienen fuerza, una fuerza que no es mía y una voz que se apodera de mi garganta, en medio de gritos adoloridos que se desbordan y explotan como represa sobrecargada. Me destrozan a su gusto y me vuelven ceniza: liviana, volátil e invisible.

Son más grandes que yo, definitivamente. Por eso cuando todo ha terminado y ellos han hecho su trabajo, mi cuerpo está cansado y encuentro pedazos descosidos de piel por aquí y por allá.

Al final, convertida en mujer seca y trémula, recojo lo que queda de mí para buscar en el espejo el vestigio de alguno de ellos, pero solo encuentro el miedo de que los monstruos hayan destruido demasiado.

 

Bad Romance

Se despidió con un beso corto, mirándolo a los ojos, como siempre sintiendo esa especie de calambre carcomiéndole la consciencia. Detrás de la cortina –porque en los moteles baratos una puerta es demasiado– la esperaba un taxi viejo, con el amarillo corroído por el tiempo.

Mientras avanzaba por una calle llena de tiendas de barrio y letreros de neón, notaba como los frenos del auto emitían un sonido molesto, y que allí dentro apestaba a gasolina y a aceite quemado… intentaba hallar similitudes -como usualmente lo hacía- de ese momento con su vida, de hallarle sentido a sus propias circunstancias por medio de paralelismos inútiles que no la llevaban a ninguna parte.

 En la radio sonaba una canción de Lady Gaga y pensó que talvez esa era la única metáfora válida de la noche… 

Complejo de Otelo

El agua, levemente tibia, caía sobre mí. Eran esos momentos en los que la noche agoniza para renacer en madrugada en los que de pronto hay tal silencio que el más mínimo respiro es perceptible.

Me duchaba.

Al tiempo que abrí la cortina blanca para proceder a envolverme en la toalla me percaté como la puerta del baño –que había permanecido abierta- se cerraba de un solo y furioso golpe, dejando un minúsculo eco como vestigio.

Entonces lo entendí: el fantasma que habita en el lugar es celoso. No le gusta que los otros fantasmas me vean desnuda.

…………………..

Este pequeño texto fue parte de la antología de microcuentos publicado en Agosto pasado, durante el festival de la brevedad «Ciudad Mínima».

En la foto junto con el libro, posa Peposo, santo patrono y dinosaurio del evento.

Del otro lado del mundo

Una mujer se detuvo al pie de la pared de su dormitorio. Frente a ella, nada, solo una larga y pálida estructura, pintada de verde. El frío dominaba cada elemento y parte de la habitación, menos su rostro, que se deleitaba en un silencio cálido, como si escuchase una música inaudible para todos, menos para ella.

Lejos de allí, un hombre se paraba frente a una pared a leer en voz alta un cuento, aparentemente para nadie en particular.

Aferrarse

Aunque pensaba que los muertos se habían extinguido para siempre, hoy encontré un intento de cadáver en mi libreta. Apenas respiraba, mientras latía agónico y minúsculo sobre mi mano. Talvez debí terminar de matarlo, para conservar al menos un ejemplar.

Inconcluso

Les gustaba sentarse en la parte más alta a contemplar las luces que poco a poco iluminaban la ciudad. Riendo entre cervezas, jugaban a ser amigos y a contar los faroles que se extendían por la larga avenida que cruzaba la urbe como una vena hinchada de luciérnagas.

 

-1

-2

-3

-4

-Jajaja

-Nunca vamos a terminar con esto

-Es cierto…

 

Esa noche, tampoco hubo un beso.

La gata y su amor de madre

Talvez lo que digo suena un poco ilógico, pero en cuanto a labores maternales hay una que admiro de forma especial: el amor de madre de mi gata por su bebé.

Lina, una gata rubia y gorda (ahora) de aproximadamente tres años, llegó a mi por un accidente del destino. En nuestros planes nunca estuvo un gato, peor aún cinco como llegamos a tener en algún momento… Pero allí estaba ella, con su rabo arrancado y sangrante, con su carita hambrienta, los ojos apagados y una inmensa, inmensa panza de preñada.

Ha pasado casi un año desde que Lina y su gatito Pompeo viven con nosotros. Ella lo deja dormir en el que suele ser su lugar, nunca come antes que su bebé, espera pacientemente parada en la puerta a que regrese cuando yo lo sacó del lugar que ambos comparten, le dio de lactar hasta los 6 meses aproximadamente y, si Pompeo maúlla mucho, allí está ella con su mirada curiosa, intentando adivinar que sucede. Pese a que ya él dejó de ser un minino, ella continúa acicalándolo, bañándolo y disciplinándolo. También lo espera detrás de la puerta para “asustarlo”, empezar a jugar a las peleas y rodar juntos por todo el piso. Pompeo es un gato joven y activo que a veces se muestra desesperado con el cautiverio… ella lo consuela enseñándole a cazar chapuletes.

“Mau, mau, prrrr, miaaaaau”, le dice Lina, mientras el pequeño la mira atentísimo con la cabecita de lado. Sin duda, se entienden.

La mejor parte es cuando me levanto por algún motivo en la madrugada y los descubro abrazados: Pompeo durmiendo arrimado a su mamá o Lina acurrucándolo sobre su pecho… Entonces recuerdo que el mundo talvez puede ser horrible e injusto en todos lados, menos en los brazos de mamá.

¡Feliz día de las madres!

Sin título No. 1

“Soy vertical, pero preferiría ser horizontal”

Sylvia Plath

Luego de diluviar por aquí por allá, la mujer lluvia había encontrado –lejos-, ese mundo anhelado y perfecto.

Se daban las condiciones necesarias para que su estadía sea larga. No sabía si era el ambiente seco o el frío gélido del sitio. Simplemente, allí el agua no se evaporaba.

Al fin sería eterna, inextinguible, imperecedera. Pensaba para sí misma cuanta belleza está contenida en las calzadas mojadas. Se imaginaba danzando a borbotones sobre ellas y al día siguiente, seguir allí. Y el siguiente, el siguiente y el siguiente… como un espejo. Siempre. Presente, constante e infinita.

La mujer lluvia podía llover en calma o llena de furia. Eso dependía de su ánimo y de sus ganas de ser inolvidable.

Vestigios

I

-¿Tienes el informe?

-Sí

-¿Dónde estuvo?

-Pues hoy visitó a su madre, hizo algunas diligencias en la oficina de impuestos y en la tarde fue a un parque que queda hacia el norte. De esos con laguna y una gran piedra en el centro.

Él lo recordaba bien… Era un parque con temática oriental, con pequeños puentes de madera, espejos de agua y formas redondas sobre superficies de arena. Un buen lugar para los fantasmas, pensó.

………..

II

Una avenida en la que caminaron juntos, un almacén en el que coincidieron, el café donde algún día desayunaron. A él le gustaba volver a esos lugares donde ella había estado. Tenia esta teoría de que una vez ocupado el espacio por su presencia, este se alteraba de algún modo inexplicable, dejando parte de ella en el sitio.

De esta forma, si ella había hablado en uno de estos lugares, el aire quemado por su sistema respiratorio y expulsado por su boca o nariz, permanecía flotando en el ambiente. Ya no era el mismo. Era un lugar que tenía su aliento.

……………

III

Esa noche, como casi todas, él salió a sentirla un poco.

El club de observadores humanos #3

Asomado desde la esquina más escondida y lejana del closet entreabierto, aquel vestido de corte infantil en tonos verde y blanco la miraba de forma malsana y provocadora. Ella, nostálgica, evitaba las prendas que hubiesen protagonizado su pasado… Les atribuía ataques de melancolía, tristezas esporádicas, viajes mentales.

Sin embargo, ellas pacientemente esperaban -de vez en cuando- vestirla de una que otra memoria digna de revivir.

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Este texto está basado en los microrrelatos de Solange Rodríguez, llamados asi mismo «El club de observadores humanos».

Su entrega #1 y #2, pueden encontrarlas aqui:

http://www.ellugardelasapariciones.blogspot.com/2012/03/el-club-de-observadores-de-humanos-1_03.html

http://www.ellugardelasapariciones.blogspot.com/2012/03/el-club-de-observadores-de-humanos-2.html