It’s a cruel cruel world, to face on your own,
A heavy cross, to carry alone,
The lights are on, but everyone’s gone,
And it’s cruel
Me rompo por todos lados y no logro contener todos los monstruos que me habitan.
Frecuentemente convulsionan dentro, pero permanecen anestesiados con la droga de mi coherencia. Pasa que a veces, olvido subir las barreras de seguridad de mi lógica; tejer el cerco electrificado de mi razón; decirles palabras mansas que los aquieten o algo que los mantenga exiliados en ese abismo profundo donde a nadie pueden hacer daño.
Entonces, cuando se han despertado, ya es tarde para mí, para callarlos o detenerlos. No son uno, ni dos, no tengo un número claro… solo sé que son muchos y que tienen fuerza, una fuerza que no es mía y una voz que se apodera de mi garganta, en medio de gritos adoloridos que se desbordan y explotan como represa sobrecargada. Me destrozan a su gusto y me vuelven ceniza: liviana, volátil e invisible.
Son más grandes que yo, definitivamente. Por eso cuando todo ha terminado y ellos han hecho su trabajo, mi cuerpo está cansado y encuentro pedazos descosidos de piel por aquí y por allá.
Al final, convertida en mujer seca y trémula, recojo lo que queda de mí para buscar en el espejo el vestigio de alguno de ellos, pero solo encuentro el miedo de que los monstruos hayan destruido demasiado.



